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La tempestadLa tempestad (1611) es una obra mayor de la fantasía, donde descubrimos la complejidad de la vida en una isla que funciona como el gran teatro del mundo. Tal vez es la última de las creaciones de Shakespeare escrita sin colaboradores, unos años antes de retirarse a su ciudad natal en Stratford-upon-Avon. La tempestad es una obras llena de magia y, por lo tanto, de simbolismos: Ariel, es el espíritu, Calibán, representa lo carnal y la brutalidad de esos seres que, junto con los náufragos, representan a la fauna humana. Grande es esta obra y espectacular su imaginería, escrita con una resuelta pasión para entretener al público tal como lo constata Miranda, la hija de Próspero, el personaje principal de la obra, el amo, dueño y señor de la isla, cuando ve por primera vez a medio mundo reunido en la cueva de su padre: ¡Qué maravilla dice cuántas criaturas hermosas veo aquí! ¡Qué hermosa es la raza humana! ¡Espléndido es el nuevo mundo! Y luego, nos conmueve escuchar a Próspero-Shakespeare en el Epílogo cuando se despide de ese mundo de la magia o del teatro diciendo: Ahora, nuestro juego ha terminado. Estos actores, como les dije, eran sólo espíritus y se han fundido en el aire, en la levedad del aire; y, al igual que la ilusoria visión que representaban, las torres que coronan las nubes, los lujosos palacios, los solemnes templos, el gran globo mismo, sí, con todo lo que contiene, se disolverán y, como estos desvanecidos pasajes sin cuerpo, no dejarán rastro. Estamos hechos de la misma materia de los sueños y nuestra breve vida cierra su círculo con otro sueño. Es una obra que cierra la vida de este dramaturgo con broche de oro que no podemos dejar de disfrutar. CONTENIDO:Introducción Primera edición: noviembre, 2004. El Globo Rojo, México. 188 páginas |
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