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A buen fin no hay mal principioA buen fin no hay mal principio (1602) es una comedia romántica donde podemos ver por un lado a los viejos, representados por el rey de Francia moribundo en la primera parte, es un viejo nostálgico hasta el momento en que recupera la salud; la condesa de Rosellón, madre del joven conde Beltrán; Lafeu, el cronista y el viejo Bufón que anda por el escenario confuso y solitario sin saber qué hacer, excepto dejarnos saber su desesperación. Helena, es una de las jóvenes de esta obra, de niña fue adoptada por la condesa de Rosellón siendo huérfana de padres. Y como personaje principal de la obra, resulta ser una doncella obsesiva que desde niña sólo piensa en una cosa: casarse con el conde Beltrán, en este incesto encubierto, hasta que finalmente lo logra, cueste lo que cueste. El fin, aunque no creemos que es tan bueno como lo promete el título de la obra, no lo es tanto como el principio que resulta ser la fuerza vital que muestra la joven y talentosa Helena que es capaz de arriesgar lo que sea, con tal de alcanzar lo que desea. Hay substituciones como parte de la trama como es el «truco de la cama», donde Helena ocupa el lugar de la amante florentina de su marido para así, consumar su matrimonio y, de pasada, embarazarse. Es una obra llena de aforismos y definiciones como si el bien y el mal van de la mano; es una obra en donde los viejos insisten que todo pasado fue mejor y el contraste de todo este ambiente oscuro, lo hace Paroles, un ser decadente que termina siendo lo que siempre había sido: un bufón. CONTENIDO:A manera de Prólogo Primera edición: junio, 2007 El Globo Rojo, México. 130 páginas. |
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